Si existe algún infierno en este mundo, debe de estar en Las Vegas. Y sí, es curioso para visitarlo, incluso puede ser divertido... ¿A quién no le gusta un poco de Heavy Metal de vez en cuando? ¿Hacer alguna que otra travesura? ¿Darte un capricho? Pero en esta ciudad, mejor ir con la cabeza serena y sin mucho alcohol en las venas, pues las consecuencias podrían ser... Catastróficas.
Para empezar, es una ciudad construida en medio de un desierto. Semejante salvajada, no quiero imaginar el dineral costará llevar agua y electricidad entre otras cosas allí. Un gasto innecesario, inhumano, e insolidario. Debería ser delito hacer algo así cuando hay gente en el mundo muriéndose de hambre y sin agua.
Es una ciudad para el juego, desfase, sexo, y derroche. Parece que la gente avergonzada de ser ludópata encuentran su pequeño oasis aquí. La ciudad que nunca duerme... ¿será que la misma ciudad no ha podido superar los remordimientos?
Desde New York hasta París, hasta las Pirámides de Egipto... Todo se encuentra allí, todo de mentira, todo de cartón, tan solo una bonita ilusión óptica. Y por dentro, todo lo mismo, máquinas de lucecitas, colorines y sonidos. Había gente que a las nueve de la mañana ya estaba jugando en ellas...
No dejé ni un mísero dólar en ninguna máquina. ¿Qué diversión tiene ver girar tres rodillitos con manzanas, limones y otras frutas, esperando a que te toque la cesta? No lo entiendo. Sí, se supone que puedes ganar mucho dinero... Pero creo que aún tengo suficiente juicio para no creerlo. Y aun siendo verdad... Tengo más aspiraciones en mi vida como para estar esperando a que una maquinita me la arregle...
Caminar por la calle principal, era estresante. A parte de toda la gente que se movía, en casi cada esquina había unos señores simpáticos repartiendo cromos. Tenían una forma curiosa de repartirlos, pues solían esta dando golpecitos con las cartas, flap, flap, flap, y cuando pasabas por su lado, más que ofrecértelos, casi te los metían en el bolsillo. Eran cromos de prostitutas, con sus precios y teléfonos... Surreal.
Hay un dicho conocido, que dice que todo lo que pasa en Las vegas, se queda en Las Vegas. Yo diría que es más bien, todo el dinero que llevas a Las Vegas, se queda en Las Vegas... Para mí no pudo ser mejor, llevé poco dinero, y mi tarjeta de crédito... ¡dejó de funcionar! Y esto me pasó realmente, no es ironía. Y aún así, mi cartera vino vacía. Aunque el hotel nos salión baratísimo, no se como lo hacen allí, pero entre una comida, entre un concierto, el taxi... Es un saqueo total. No me quiero imaginar lo que sería empezando a jugar.
Ahora puedo decir que conozco el infierno (vaya calorazo que hacía además, ¡que coincidencia!) y que regresé sano y salvo de él. He aquí la prueba...
...::: Beñat :::...





